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Mancomunidad de Municipios Valle del Guadiato


R韔 Guadalbarbo

RUTAS NATURALES
Rio Guadalbarbo

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La zona que proponemos conocer se encuentra en Obejo, cuya fisonomía es toda una obra de arte de la naturaleza. Aislada de núcleos de población y con un gran término municipal, se halla enclavada en un remanso de paz y se asienta sobre una alargada loma cubierta por el verde manto de Sierra Morena. Obejo era una población árabe de Ubal -topónimo derivado de uballa, nombre mozárabe de una uva silvestre-, vigilante del antiguo Camino de Córdoba a Toledo. Fernando III conquistó la villa en 1237 y, seis años más tarde, la donó a Córdoba, en cuya jurisdicción quedó integrada.

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Proponemos el comienzo de la ruta en el kilómetro 6 de la carretera comarcal El Vacar-Obejo, pasado el puente del río Guadalbarbo. A la derecha encontramos la Vereda de los Pañeros, por la que caminaremos en principio unos 750 metros.





Aquí, el matorral está degradado debido al tránsito diario de ganado caprino y ovino; llegamos a una cancela que abriremos para acercarnos al margen izquierdo del río, por donde discurrirá la mayor parte del recorrido. El paisaje de fondo, al igual que el que dejamos a nuestra espalda, nos sobrecogerá en un principio para después ir envolviéndonos con su espectacular belleza.

Entramos en la zona de inundación del río, que ha dado lugar a una "praderita" con arena muy fina, como consecuencia de la erosión fluvial, y en la que aparecen encinas de gran porte entremezcladas con los tamujos, abundantes por toda la orilla del río. La vegetación de ribera que encontramos está compuesta, fundamentalmente, por adelfa, tamujo, fresno y, en la superficie del agua, ranunculus que, cuando están florecidos, forman un manto blanco en el que ranas e insectos acuáticos encuentran refugio. Nos sirve de referencia un cortijo con dehesas y con ganado vacuno, ubicado en la margen derecha del río. En este mismo punto y volviendo la vista atrás, se ve el cerro del Cívico (624 m.), punto culminante de este tramo. Los cerros que se observan a la izquierda se ven mermados por la explotación ganadera, pero los de la derecha están perfectamente conservados, constituyendo así un auténtico bosque mediterráneo con encinas, alcornoques, quejigos y matorral noble. Estos cerros forman parte de lo que se conoce como Umbría del Cura que en el tramo más bajo del río se unirá con la Umbría de las Candeleras.

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Si nos detenemos para observar el paisaje, veremos cómo el río se va encajonando entre estos cerros. Llegado a este punto, es difícil seguir un camino, debiendo continuar entre las rocas y la orilla. Este encajonamiento sigue hasta llegar a una zona en la que el cauce del río se ensancha. Aquí veremos grandes ejemplares de fresnos y abundantes tamujos. A la izquierda dejamos el cortijo del Pilar, rodeado por una dehesa con cultivo de cereales y delimitado por una alambrada que seguiremos durante un buen tramo. Si prestamos atención veremos, arriba, la vereda que al inicio habíamos tomado. Al fondo, observamos el cerro de Los Toriles, en la dirección a la que nos dirigimos. En este tramo, caminar por la orilla del río hasta llegar a la finca de la Camorrilla, se hace dificultoso. A partir de aquí podremos andar sin ningún obstáculo, ya que el margen del río se ha ensanchado.

Cuando el cauce se hace más abundante, observaremos algunas parejas de ánades reales que levantarán el vuelo al advertir nuestra presencia. También podemos encontrar excrementos sobre algunas piedras, indicadores de la presencia de los mamíferos que bajan al río para saciar su sed, y el experto en el análisis de excrementos puede llegar a la conclusión de que éstos pertenecen a la nutria, mamífero acuático muy escaso en nuestros cauces fluviales, pero posible de encontrar en éste. Este mamífero, por adaptación y dependencia del medio acuático, se ha considerado un buen indicador de la salubridad de nuestras aguas.

Las umbrías de las Candeleras nos acompañan por la derecha del río; por este tramo no iremos tan cerca de la orilla sino por la dehesa colindante, hasta llegar al cortijo de las Candeleras Altas, desde el que sale el Camino Viejo de Córdoba. Caminaremos aproximadamente un kilómetro sobre él y llegaremos a un cruce en el que, dejando a la derecha el cortijo del Americano, volveremos a tomar la vereda de los Pañeros y, sin abandonarla, volveremos al lugar de partida.

Subimos una cuesta que nos conduce a un antiguo cortijo, en el que merece la pena descansar para recrearnos con las vistas que desde este punto se nos brindan. Bajaremos por el margen izquierdo del arroyo del Contadero, en cuyas orillas existe una importante población de quejigos.

Es necesario atravesar los corrales de un cortijo, ya que se encuentran construidos sobre la vereda de uso público. El puente que se encuentra en la carretera y por el que fluye el río Guadalbarbo, nos indicará el final de la jornada.


¿Qué Fauna nos encontraremos?

Nutria

Con más de un metro de longitud, la nutria es uno de los representantes del grupo de los mustélidos de mayor tamaño. Presenta un cuerpo esbelto y alargado; cabeza con el hocico corto y las orejas muy pequeñas y redondeadas; la cola es relativamente larga, ancha en la base y terminada en punta.

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El pelaje es muy fino y suave, de color pardo en las partes superiores; en las inferiores es mucho más claro, sobre todo en la zona del cuello. Posee membranas interdigitales en los dedos. Nada y bucea muy bien, impulsándose con la cola.




Aunque puede refugiarse fuera del agua, en zonas protegidas del monte, entre troncos o piedras, desarrolla casi toda su actividad en el agua. Se puede encontrar en muchos cursos fluviales, pero, sobre todo, en aquellos que mantienen aguas de forma permanente y, a ser posible, poco contaminada.

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Muy juguetona. En algunas zonas puede ser observada durante el día, aunque lo más normal es que no tengamos oportunidad de verlas por su comportamiento esquivo y retraído.





¿Qué Vegetación nos encontraremos?

Tamujo

Arbusto de 1 a 1,5 m., fuertemente ramoso desde la base, con ramas rígidas y espinescentes. Las hojas nacen en fascículos y, al alargarse las ramillas, se sitúan en dos hileras opuestas. Son alternas y de terminación roma o escotada. Tiene flores unisexuales de modo que las de cada sexo van en plantas diferentes. El fruto es globoso, algo deprimido, con tres profundos surcos que lo dividen en tres lóbulos; tiene tres cavidades, cada una de ellas con dos semillas desprovistas de excrecencias. Usos: Se ha usado tradicionalmente para formar las corralizas en que se recibe al ganado y para proteger la parte superior de las tapias. Con él fabricaban las escobas llamadas de rama o caballeriza, usadas para barrer las calles y los establos.

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